En el verano de 1976, Sevilla fue testigo de un acontecimiento singular en su historia civil: el cierre temporal del aeropuerto de San Pablo y su traslado de operaciones a la base aérea de Morón. Este episodio, marcado por la necesidad urgente de modernizar la infraestructura aeroportuaria, se desarrolló entre el 5 de julio y el 1 de septiembre, y supuso un desafío logístico que los responsables del aeropuerto asumieron con una precisión militar.
Los Motivos del Cierre del Aeropuerto de San Pablo
La pista de aterrizaje de San Pablo, construída en la década de 1950, había comenzado a mostrar signos de deterioro desde 1973. A medida que el tráfico aéreo aumentaba, la infraestructura se hizo insuficiente para soportar el tonelaje de los aviones de la época. Las operaciones se volvieron cada vez más problemáticas, lo que llevó a las autoridades a tomar la decisión de cerrar el aeropuerto para realizar las obras necesarias. El anuncio del cierre se basaba no solo en la urgencia de mejorar la seguridad, sino también en la voluntad de optimizar el servicio para un creciente número de pasajeros.
Un Proyecto Obra de Precisión
El Ministerio del Aire, consciente de la magnitud del proyecto, había previsto inicialmente un periodo de siete meses para completar las reformas en la pista 10/28. Sin embargo, el cierre del aeropuerto permitió acortar drásticamente el plazo a solo dos meses. Para llevar a cabo este titánico esfuerzo, se movilizaron 340 operarios que trabajaron incansablemente para restaurar la pista a un estado que pudiera gestionar el tráfico aéreo moderno. La magnitud del trabajo exigió la instalación de una línea eléctrica de cuatro kilómetros y la utilización de dos transformadores y tres grupos electrógenos.
El presupuesto para estas obras ascendió a casi 500 millones de pesetas, equivalentes a aproximadamente 3 millones de euros actuales. La empresa contratada, bajo la dirección del coronel ingeniero aeronáutico Ramón Martínez Zapata, mantuvo a sus plantas asfálticas operando ininterrumpidamente a lo largo del día y la noche, logrando una producción conjunta de hasta 300 toneladas por hora.
La Logística del Traslado
Con el cierre anunciado, el 5 de julio se inició la operativa en la base de Morón, convertida temporalmente en el aeropuerto de San Pablo. Para facilitar el traslado de los pasajeros, se habilitó un servicio de autobuses que, desde la terminal de Iberia ubicada en la calle Almirante Lobo, trasladaba a los viajeros al nuevo recinto aeroportuario por un precio de 95 pesetas. Este servicio comenzó a operar dos horas antes de cada vuelo, manteniendo la hora límite de facturación establecida en media hora antes de la salida.
En aquel momento, San Pablo solo contaba con tres vuelos internacionales regulares: conexiones a Londres, París y Fráncfort del Meno, siendo la ruta a la capital francesa la única operativa en frecuencia diaria. En el ámbito nacional, se ofrecían numerosos vuelos a Madrid, con once operaciones semanales en total, así como conexión con otros destinos como Las Palmas, Barcelona, Alicante y Mallorca, entre otros.
La Reapertura de San Pablo
Finalmente, como estaba programado, el 1 de septiembre de 1976 se reanudaron los vuelos en el aeropuerto de San Pablo. Los pasajeros fueron recibidos con una nueva pista de aterrizaje y una terminal de pasajeros que serviría durante muchos años, hasta que se construyera la nueva terminal diseñada por el arquitecto Rafael Moneo en los años previos a la Expo 92. Este evento marcó un antes y un después en la infraestructura aeroportuaria de Sevilla, sentando las bases para un crecimiento sostenido en el tráfico aéreo de la región.
Reflexiones Finales sobre el Impacto
Este episodio significativo en la historia del transporte aéreo en Sevilla no solo refleja la capacidad de respuesta del sistema aeroportuario ante las necesidades de modernización, sino que también pone de manifiesto la importancia de una infraestructura adecuada para el desarrollo económico y turístico de la región. La modernización del aeropuerto de San Pablo se erigió como un factor clave para el impulso del turismo y los negocios en Andalucía, transformando la forma en que Sevilla se conectaba con el mundo. El esfuerzo colectivo de todas las partes involucradas en la resurrección de la pista no solo resolvió una problemática inmediata, sino que también sentó las bases para el futuro aéreo de la ciudad.
























